Un sector con identidad propia y en constante evolución
Hablar de la producción de queso en España es hablar de un patrimonio cultural vivo. Con más de 150 variedades reconocidas, muchas con Denominación de Origen Protegida (DOP), nuestro país ha logrado consolidarse como un referente internacional en la elaboración quesera. Desde las tierras manchegas hasta los valles asturianos, cada queso refleja una combinación única de factores: el clima, las razas ganaderas, las bacterias autóctonas y, por supuesto, las técnicas tradicionales transmitidas de generación en generación.
Sin embargo, el avance de la industria alimentaria y las nuevas exigencias del consumidor han llevado a los productores a replantear sus métodos. Hoy en día, producir queso no solo implica mantener la calidad organoléptica y microbiológica, sino también mejorar la eficiencia operativa, garantizar la seguridad alimentaria y adaptarse a criterios de sostenibilidad medioambiental.
Por eso, conocer y dominar cada etapa del proceso, así como contar con los equipos adecuados para cada fase, es esencial. Esta combinación entre tradición y tecnología permite mantener la esencia del queso español, pero bajo condiciones más controladas, replicables y seguras.
Recepción y tratamiento de la leche: garantía de calidad desde el origen
El primer paso en la elaboración del queso es recibir, conservar y tratar la leche cruda. Aquí comienza el control de calidad y eficiencia. Es imprescindible contar con tanques de recepción refrigerados que mantengan la leche a baja temperatura (2-6 °C) para frenar el crecimiento bacteriano. Estos tanques, generalmente de acero inoxidable, permiten almacenar grandes volúmenes sin comprometer la frescura.
Posteriormente, la leche suele pasar por centrífugas desnatadoras, que permiten estandarizar el contenido graso de forma precisa, y por sistemas de pasteurización (típicamente placas o tubulares) que aseguran la eliminación de microorganismos patógenos, sin alterar las propiedades proteicas.
En muchas plantas modernas, se incorpora un sistema CIP (Clean-in-Place) que automatiza la limpieza de los equipos, reduciendo tiempos improductivos y garantizando altos estándares de higiene. Además, cada lote de leche suele analizarse mediante analizadores ultrasónicos o infrarrojos, que permiten conocer en segundos parámetros como grasa, proteína, lactosa o densidad.
El uso de estos equipos no solo mejora la seguridad alimentaria, sino que incrementa el rendimiento quesero al permitir una toma de decisiones rápida y basada en datos.

Coagulación y corte: control y precisión en el corazón del proceso
La coagulación de la leche transforma un líquido en una masa semisólida: la cuajada. Es una fase crítica donde intervienen enzimas (cuajo), fermentos lácticos y calor. Para este paso se utilizan cubaqueseras de acero inoxidable, con control automático de temperatura, agitación suave y sensores para monitorear el tiempo de coagulación.
Una vez formada la cuajada, se realiza el corte mediante liras horizontales y verticales, que fragmentan la masa en granos. Este corte debe ser uniforme para facilitar el drenado del suero y obtener una textura adecuada. Algunos modelos incorporan agitadores programables para evitar la rotura de granos y garantizar homogeneidad.
Es esencial que estos equipos permitan ajustar la intensidad y velocidad del proceso según el tipo de queso (fresco, curado, semicurado, etc.). Una cuajada demasiado débil o un corte inadecuado pueden alterar por completo la humedad final del queso y generar defectos estructurales.
El uso de cubas automatizadas, capaces de programar recetas específicas, no solo reduce errores humanos, sino que permite repetibilidad entre lotes, algo crucial en la producción industrial de quesos con estándares constantes de calidad.

Drenado, moldeo y prensado: dar forma y firmeza al queso
Luego del corte y agitación, la cuajada debe separarse del suero. Este drenado puede hacerse de forma natural en mesas de desuerado inclinadas, o mediante sistemas mecanizados de drenaje continuo que optimizan el tiempo y reducen la intervención manual.
Una vez drenada, la cuajada se deposita en moldes perforados que le dan forma al queso. Estos moldes pueden ser individuales o múltiples, y están diseñados para permitir el escape del suero restante. Para favorecer la compactación, se utilizan prensas neumáticas o hidráulicas, con control de presión ajustable por tiempo y fuerza.
Estas prensas garantizan una textura firme, sin oquedades, y son fundamentales para quesos curados o de larga maduración. La presión debe aplicarse gradualmente para evitar la deformación del producto y asegurar una distribución uniforme del contenido de humedad.
La automatización en esta fase permite producir mayores volúmenes con eficiencia, uniformidad y menor esfuerzo físico, mejorando las condiciones laborales y la seguridad del personal.

Salado y pre-maduración: realce del sabor y conservación
El salado es clave para potenciar el sabor, mejorar la textura y prolongar la vida útil del queso. En plantas modernas, este proceso se realiza en tanques de salmuera con agitación y control de temperatura, que aseguran una distribución homogénea de la sal.
Estos sistemas permiten regular con precisión la concentración de sal y el tiempo de inmersión, lo que resulta vital para evitar sobremaduración o defectos en la corteza. Además, muchos quesos requieren un breve periodo de pre-maduración tras el salado, donde reposan en cámaras con ventilación controlada antes de ingresar a la maduración definitiva.
Algunos productores también utilizan sistemas de volteo automático de quesos, lo que agiliza esta etapa, mejora la uniformidad del producto y reduce la manipulación manual.
Maduración y afinado: donde el queso cobra identidad
La maduración del queso es una fase viva y compleja, donde se desarrollan los aromas, sabores y texturas que definen la personalidad del producto. Para ello, se requieren cámaras de maduración con control automatizado de temperatura, humedad y circulación de aire.
Estas cámaras permiten crear condiciones específicas para quesos de pasta blanda, dura, lavada o enmohecida. Además, muchos quesos necesitan volteo regular y tratamientos en la corteza, como cepillado, lavado o aplicación de mohos controlados.
El uso de estanterías móviles, bandejas higiénicas y sistemas de monitoreo remoto ayuda a mantener condiciones estables y facilita el trabajo del personal, especialmente en cámaras de gran capacidad.
Este entorno controlado es esencial para garantizar una maduración uniforme, sin defectos y con los perfiles sensoriales deseados. También permite anticiparse a problemas como fermentaciones no deseadas, manchas o rajaduras en la superficie del queso.

Control de calidad y trazabilidad: una garantía que fortalece la marca
En cada etapa del proceso quesero, se deben aplicar sistemas de control de calidad y trazabilidad. La recopilación de datos —desde la composición de la leche hasta la evolución durante la maduración— es esencial para garantizar la consistencia del producto, cumplir normativas y ganar confianza del consumidor.
Para ello, muchas queserías integran analizadores de parámetros clave, junto con software de trazabilidad y monitoreo en línea. Estas herramientas permiten registrar lotes, identificar desviaciones y tomar decisiones rápidas frente a cualquier no conformidad.
Además, el cumplimiento de normas como IFS, BRC o ISO 22000 requiere un sistema robusto de registro de procesos, limpieza, temperaturas, análisis microbiológicos y validaciones. Integrar la calidad como parte del proceso, y no solo como un control final, es lo que distingue a las marcas que perduran.
Conclusión: avanzar con solidez técnica, eficiencia y compromiso
La producción de queso en España combina tradición, innovación y un profundo arraigo cultural. Sin embargo, para mantenerse competitiva, la industria debe avanzar hacia procesos más eficientes, seguros y sostenibles, sin perder la esencia que hace únicos a nuestros quesos.
En Tauber Iberia, comprendemos que cada etapa del proceso quesero representa una oportunidad para mejorar. Por eso, acompañamos a las empresas con un enfoque integral, brindando soluciones técnicas y formación especializada a través de nuestras diferentes filiales.
Desde LactoLab, ofrecemos analizadores de leche ultrasónicos que permiten un control preciso y rápido de la materia prima. Con Tauber, diseñamos y fabricamos equipos robustos y adaptados a los requerimientos de la industria alimentaria. A través de Fussen, desarrollamos soluciones específicas para la industria láctea, alineadas con las normativas y estándares actuales. Y desde el Instituto de la Carne y de la Leche (INCALEC), promovemos el conocimiento a través de cursos teóricos y prácticos, así como programas de formación continua para los profesionales del sector en España y toda la región EMEA.
Nuestro compromiso es claro: ayudarte a alcanzar un modelo de producción más rentable, trazable y alineado con los desafíos técnicos y comerciales de hoy. Sabemos que cada planta es diferente, por eso trabajamos contigo para identificar oportunidades y aplicar soluciones reales que generen impacto.
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Preguntas y Respuestas
Se necesita leche de buena calidad, conocimientos técnicos del proceso y equipos adecuados como tanques de leche, cubaqueseras, moldes, prensas y cámaras de maduración.
Se puede usar leche de vaca, oveja o cabra. La elección depende del tipo de queso que se quiera elaborar, ya que cada leche tiene características distintas de sabor y textura.
Mejora la eficiencia, reduce errores, estandariza la calidad y disminuye los costos operativos y el desperdicio de materia prima.
Los quesos frescos requieren poco prensado, mientras que los curados necesitan más presión para eliminar humedad y obtener una textura firme.
Empresas especializadas como Tauber Iberia y sus filiales ofrecen equipos, formación y asesoría técnica para todas las etapas del proceso quesero.